Your travel memory is priceless, TripNtale keeps them safe so you don't have to   Upload Photos Now! X

Marriage Party

Viewed: 847  

 

Dinesh me había invitado a cenar a su casa. Antes, iríamos a una fiesta de boda, un «marriage party» como decía él. La fiesta se celebraba en un templo de barrio relativamente cercano a su casa. El novio era amigo de Dinesh y allí se encontraban sus amigos, su gente... La experiencia fue desigual: por un lado estaba excitado por poder vivir algo así, rodeado de indios a los que no les importaba compartir uno de los momentos más importantes de sus vidas. Por otro, una sensación forastera, de quien sabe que está fuera de lugar.

En el templo, en una sala lateral, estaban los novios apoltronados en unos sillones que semejaban tronos. El resto de la gente, sentada enfrente. En las primeras filas se situaban las mujeres vestidas con saris llenos de brillos —saris de domingo—, con las manos y pies tatuados de henna. Los familiares más directos acogían con cabezadas y sonrisas a los invitados que ese día se habían mudado de ropa. El novio recordaba a uno de los pajes de los Reyes magos que pueden verse en cualquier centro comercial y ella, como casi todas las mujeres de Rajastán: tímida, pequeña e introvertida. Los convidados saludaban a los novios, se fotografiaban junto a ellos. La madre y la hermana del novio me arropaban con muestras de cariño, invitándome a participar de una ceremonia que no entendía, pero que me parecía maravillosa; sin embargo había algo que hasta tiempo después no pude comprender, algo que enrarecía el ambiente: algo que no me cuadraba.

Salieron todos, excepto los novios que continuaban posando, al patio central del templo; un patio que minutos antes había sido cubierto de esterillas. Hombres, mujeres y niños se sentaron en hileras de forma separada. Se sirvió una frugal cena: tres o cuatro tipo de alimentos en los que se incluían el arroz y trigo dulce presentados en hojas de diferente tamaño que hacían las funciones de platos, bandejas o cuencos. Por lo que se apreciaba, para ellos era un festín, y hacia tiempo que no veía a tanta gente reír. Durante la cena, me aparté un poco y me acomodé al lado del padre y los tíos del novio que iban recolectando el dinero que los invitados entregaban. Muy poco, diez o veinte rupias máximo: menos de cincuenta céntimos de euro. Lo más asombroso era que parecían contentos de que estuviese allí. De todas formas me sentí extraño, raro: yo, que no soy muy dado a llamar la atención ni a ser centro de nada, de alguna manera había robado protagonismo a los novios. Cuando llegué al templo, varios se aproximaron para saludarme o verme de cerca. Las mujeres, sobre todo las más jóvenes, estaban seducidas con mi presencia. Cuchicheaban y sonreían entre ellas; imágenes que yo había visto en los días de colegio cuando ellas, en pandilla de gestos descarados, nos ojeaban mientras nosotros, los chicos, éramos tímidos bravucones que huíamos de ellas, por aquello de que no nos llamasen nuestros «compis» nenazas o mariquitas. Teníamos que ser duros y demostrarlo. ¡Qué estupidez¡ Los hombres también se alegraban de que un «guiri» estuviese allí; los más jóvenes, que me veían como rival, no, claro. Las opiniones estaban divididas.

Entre tanta felicidad, solo dos caras no parecían compartirla: los ojos de los novios no expresaban ilusión, no expresaban amor. Eran víctimas de un matrimonio de conveniencia, un matrimonio nacido de la dote y del acuerdo de unos padres que como tratantes de ganado disponían del futuro de dos jóvenes que veían truncadas sus esperanzas de amar. Ellos, siguiendo la tradición, harán lo mismo en el futuro con sus hijos. Era un matrimonio indio de conveniencia, en el que la mujer tiene siempre las de perder, pudiendo ser violada, quemada o asesinada en accidente doméstico.

Bodas sin amor.



Comments

Please Login or Sign Up to comment.

or

or


Soul India I 17 de junio - 6 de julio

India



Home Service done the smart way