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¡ Esto es Bollywood!

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Tenía curiosidad por ir al cine en India; una de las mayores industrias del país y la más popular vía de escape de la población. Mi intención era estar un ratito y luego irme. Ya había visto en televisión más o menos en que consistían las películas Indias y no me veía con fuerzas para ver el «The End» o como se escriba en sánscrito. Por otro lado, y ante un comentario de Dinesh sobre lo mucho que le gustaba el cine, había decidido invitarle a él y a su familia. Por la mañana habíamos sacado seis entradas en la venta anticipada. Las más caras naturalmente —los niños no pagan— en el famoso cine Raj Mandir, orgullo de los habitantes de Jaipur; los cuales afirman que es el mejor cine de la India.

Había que ver la cara de felicidad que tenía mi familia india cuando, momentos antes de entrar, las mujeres con sus mejores saris me saludaban y hacían mimo en señal de agradecimiento; los hombres con su pantalón y camisa limpia, y los niños repeinados y limpios en extremo. Distintos a los que había visto en días anteriores.

— «Look the lobby, look the lobby. Very nice, very nice» —repetía Dinesh nervioso, exaltado. Con sus gestos y excitación parecía decirme: «¿A que no has visto nada igual en tu vida?». Y era cierto, no había visto nada igual; pero en lugar de «very nice, very nice» era «very hortera», al estilo de las salas de fiesta de los años sesenta o setenta, con sillones y moquetas de un hiriente color morado que eran iluminados por lámparas enormes cuyo estilo sería imposible de clasificar por el más experto decorador. El cine, enorme y con capacidad para más de mil personas, se dividía en tres pisos, el sonido aturdía, y cómo no, todo permanecía muy oscuro, teniendo que sortear piernas y brazos hasta llegar a tu butaca, sin la ayuda de un acomodador.

La película que vimos de Rajshri Productions — algo así como «La Metro» pero en versión local— se llamaba «Main Prem Ki Diwani Hoon», cuya traducción desconocía y, francamente, me daba lo mismo; era la película más famosa del momento.

Antes de resumir el argumento, diré que en el cine descubrí dos cosas que ya sospechaba; la primera: los indios son como niños; reían, cantaban y jaleaban cualquier escena. Quien haya visto la película «Gremlins», en la escena en la que se los ve en el cine, se podrá hacer una idea de lo que estoy hablando. La segunda: que soy una persona con una paciencia infinita y muy respetuosa con las creencias y culturas ajenas.

¡Tres horas, tres!, de una película musical tipo Cine de Barrio, pero en hindi; una proyección acompañada de risas, comentarios y un intermedio en el que, después de comprar refrescos y aperitivos para todos, Dinesh y su hermano me afirmaban preguntando: «¿A qué es buena?, ¿a qué es bonita?». Mi respuesta: «¡Pues claro que sí!, fantástica, un derroche de imaginación y de buen gusto».

El resumen de la película, que más o menos es el de todas las películas indias, lo único que cambian son los decorados y los actores, era el siguiente: chica guapa, rica y que canta fenomenal tiene cinco amigas igual de modernas y guapas: yo no vi ninguna así en India. Un padre comprensivo y una madre un poco bruja. Joven guapo, cachas y simpaticote —¡como todos los indios vamos!—, llega a la casa de la guapa montado en un descapotable de película para hacer un negocio con el padre de la guapa. Al principio, la chica no quiere verlo ni en pintura pero a medida que pasa la cinta, la chica se enamora de él y entonces se los ve a los dos cantando y bailando en una especie de cortejo amoroso similar al que hacen los pavos reales u otras aves, en unos lugares paradisíacos y, aunque la acción se desarrolla en una Hill Station del Himalaya, de repente, aparecen en playas llenas de palmeras, mares tropicales o en las calles de Bombay. ¡Increíble! Eso se llama el don de la ubicuidad.

Hasta aquí el vídeo clip de «Pimpinela», pero antes del intermedio, aparece el jefe del joven que también es guapo, fuerte, inteligente y canta todavía mejor que el otro y, lógicamente, se enamora de Sanjana, que así se llama la chica. Y Zanjaba parece que tontea un poco con él: las mujeres siempre tienen dividido el corazón. Cambia la música. Suenan notas de peligro o de intriga y al lobby a deducir que pasará.

La segunda parte era la dramática: los padres del rico y de la chica han arreglado el matrimonio del jefe y la chica. Ella está muy triste; de canción sentimental, y su madre muy contenta; de anuncio de detergente y ropa blanca. El cachitas guapo llora mucho pero, como donde hay patrón no manda marinero, no hace nada por impedirlo. Mas canciones y el día de la boda, cuando todos están en la ceremonia previa al casamiento, llega el despechado, más llorón que nunca. El jefe, que se da cuenta de que ella no le quiere, decide suspender la boda, pero en plan bien. Al final todos contentos y felices.

Se me olvidaba comentar que en esta película no actuaba un tonto, lo hacían dos, lo que demuestra que en Bollywood también hay superproducciones.

Para concluir, y que me perdonen los italianos o los indios, cuando veo películas de este tipo, de estos países, me da la sensación de que los actores sobreactuan con gestos histriónicos, excesivamente afectados; pero también he visto a Landa o a José Luis López Vázquez en alguna de estas. Así que...

Al acabar la película no quise que Dinesh me llevase a la haveli. Necesitaba caminar. Regresé andando. Casi no veía a los niños, o a los rickshaws que se abalanzan sobre mí. Estaba trastornado por lo que vi y necesitaba respirar: a pesar de que en Jaipur la contaminación era alarmante.



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Soul India I 17 de junio - 6 de julio

India



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