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Agua y color en un sueño de mujer

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Dicen que Udaipur es una de las ciudades más románticas de la India. No obstante, se podrían diferenciar dos áreas: por un lado, la parte de los bazares, el ayuntamiento y la ciudad nueva y, por otro, la zona del lago Pichola y Fatakhar Sagar. Esta última es la que justifica quedarse varios días en Udaipur, y también su merecida fama. Las vistas del lago Pichola con el hotel Lake Palace al fondo son extraordinarias; y eso que hacía tres años que no llovía y el lago estaba semivacío por la sequía. Cuando el lago, los lagos, estén llenos el panorama debe ser grandioso.

A pesar de los vendedores que cada poco tiempo te invitaban a conocer sus pinturas —en Udaipur parece que todo el mundo es artista y pintor de miniaturas—, conseguí descansar. Desde la ventana de mi habitación, en una restaurada haveli, me bebía el paisaje disfrutando de las panorámicas que ofrecía el lago y, sobre todo, de los grupos de mujeres que bajaban a los ghats a bañarse o hacer la colada... El calor me obligaba a recluirme en los hoteles unas horas. Durante ese tiempo, aprovechaba para escribir, lavar ropa o dormir una siesta. En Udaipur no fue posible.

Desde mi habitación las vistas del lago me hipnotizaban: pasaba las horas viendo cómo bajaba el sol a beber el agua del lago hasta que desaparecía entre las montañas, cuando ya estaba saciado de día. Hubo una imagen, sobre todas ellas que me retuvo, permaneciendo inmóvil detrás de los cristales: la de las mujeres en el lago. En grupos de cinco o seis se bañaban o lavaban la ropa. Las que lavaban la ropa, golpeaban una y otra vez la ropa sumergiéndola cada poco tiempo en las pardo azules aguas, mientras comadreaban de una forma relajada. Los niños en la orilla del lago jugaban a la nada; pero lo imaginaban todo. El ritual del baño fue uno de los más sensuales que pude ver. Con sus vestidos de colores mojados, el pelo negro y unas sonrisas de dientes blancos que se reflejaban en las aguas, las mujeres se refrescaban de una forma acompasada, lenta, mágica, acariciando el agua... De vez en cuando se salpicaban y volvían a ahogarse en un agua que las buscaba. Me enamoré de esa pintura.

Allí pasaban las horas formando un arco iris de libertad en movimiento que chocaba con las aguas. Yo sólo las veía a ellas: eran mujeres de documental, de una sola pantalla, de solo mirar. Al anochecer, volverían a ser las mismas mujeres que quedan apartadas o sometidas por hombres que en la India siguen siendo extremadamente machistas; pero en esa tarde de colada y juegos, de luz pincelada, humedecían sus sueños: sueños de mujer vestidos de agua.



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Soul India I 17 de junio - 6 de julio

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