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Delicadeza Jain esculpida en mármol

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Las ráfagas de arena quedaban atrás. El amarillo del horizonte, cada pocos kilómetros, mudaba a ocre y verde. Después de haber superado una semana de calor intenso, en la que la media de litros de agua trasegados superaban ampliamente los cinco diarios, ascendíamos hasta Mount Abu, al sureste de Rajastán y fronterizo con el estado de Guajarat, donde las temperaturas se suavizaban, aunque persistía el calor del infierno indio.

Mount Abu es el asentamiento más alto de Rajastán, y la subida de treinta kilómetros por una carretera de curvas que acababan en el abismo ahogaba a un coche que demandaba oxígeno. Renunciamos al aire acondicionado y subimos de ciclista: esforzados y llenos de sudor.

Por lo visto, Mount Abu era un localidad donde los maharajás se retiraban a descansar y aprovechar las brisas de las montañas. Actualmente, es un centro turístico al que acude la clase media de Delhi y de Rajastán huyendo del calor. Asimismo, según me contaba Dinesh, una zona donde acuden los recién casados en su luna de miel.

Mount Abu fue la etapa más apacible y relajada de cuantas visitaría, a excepción de Mandawa que es muy pequeño y sólo estuve una noche y unas horas.

La idea de venir hasta Mount Abu no fue por ver parejas de recién casados ni enterarme de cómo se divertía la clase media india. Mi curiosidad no alcanzaba a tanto. El principal motivo había sido admirar los templos jainistas de Dilwara.

Cuando planifiqué el viaje, pensé que era un capricho que me haría perder tres días de mi apretado programa de viaje: otra cruzada de cables. Pero viajar es también cambiar, dejar de pertenecer por unos días a esa Europa de manual que inevitablemente llevamos dentro y volver a ser como nos parieron, no como nos hicieron. Una vez que has visto los templos, juzgas que el instinto a veces es el mejor consejero.

Los jainies, cuya religión impide dañar cualquier jiva —alma—, se caracterizan por su pacifismo, llegando a barrer el suelo que pisan con delicadeza, con el fin de no dañar el alma de ningún ser vivo. Para ellos, el agua, el aire, el fuego, las plantas, son seres vivos que deben ser respetados. La naturaleza es alma y cada alma es pura. Se someten a una férrea disciplina en la que para alcanzar la liberación del ánima siguen la vía del ascetismo, la meditación, el rechazo a las pasiones, a los apegos... No creen en las castas y los negocios deben hacerse de forma justa y honrada; tendríamos que tomar nota de esto último. Algunos de ellos van desnudos como símbolo de pureza, y en las comunidades se admiten monjas que pueden verse en los templos orando o haciendo puja ante sus deidades. Este ascetismo contrasta con los templos: si bien desde el exterior no muestran ningún signo de riqueza, una vez que traspasas el umbral, te encuentras en un interior profusamente decorado con esculturas de mármol que tardaron más de catorce años en esculpirse por una legión de albañiles.

Son templos con aire de monasterio en los que pedirías asilo espiritual. Son realmente espectaculares: cinco templos elaborados con mármol, hechos con la devoción de quien considera que el trabajo es creación. Templos en los que cada friso, cada columna, son esculturas intrincadas en la piedra, talladas con una perfección tal, que los dioses, los bailarines, los animales, las escenas religiosas, parecen tener vida. Imágenes que explican más que las palabras; imágenes que aunque pasases años contemplándolas serías incapaz de asimilar. Tus ojos no están preparados para tanta belleza: Dios nos hizo imperfectos.

En el mundo, hay monumentos a los que se les da una importancia exagerada cuando los de Dilwara deberían figurar entre los más hermosos del mundo. Al ser templos jainistas no se puede entrar con nada de piel ni las mujeres en época de menstruación ni, en éstos, con la cámara de fotos.

Es curioso, en India se pueden clasificar los templos de dos maneras a efectos de saber si el culto tiene la máxima importancia o aprovechan el templo para hacer negocio, como ya ocurre en casi toda Europa. Es fácil: si a los extranjeros no les dejan pasar ni les piden dinero para entrar, se puede decir que los aspectos religiosos priman sobre cualquier otro.

En Dilwara sólo piden respeto y, a pesar del turismo, son religiosos: hermosos.



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Soul India I 17 de junio - 6 de julio

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