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Soul India

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Abrí la puerta de una casa que olía ya a ausencia. Remolqué la mochila por el pasillo, la dejé tirada en medio de mi cuarto y deambulé por las estancias vacías en un intento de reconocerme en ellas, de reencontrarme con mi vida habitual: estaba despertando de un sueño que se había hecho realidad. Los libros, los cuadros, las fotos, todo... permanecía igual: ¿Había sido el sueño de una noche de verano? Clavado con chinchetas, en una pared del cuarto de estar, el mapa de India que compré para preparar el viaje, me impulsaba otra vez a viajar: acaricié con los dedos mi itinerario, cerrando los ojos en cada parada, en cada noche gastada, en cada pisada, en cada huella dejada... Revivía cada uno de los momentos de una travesía que había sido un viaje interior, un periplo en el que había sido mil personajes, que en realidad eran todos yo; un viaje de libro abierto leído por un país que había jugado conmigo, recordándome que la vida es un reflejo del alma, unos ojos que se subyugan ante cualquier visión. En el mes y pico que vagabundeé por la India, mis sentidos fueron sometidos a un frecuente vaivén que sacudieron unos músculos que habían vivido mil millones de sensaciones, de diferencias, de injusticias, de música, de ruidos, de olores, de gentes...; mil millones de pedaladas, de cuerpos destrozados, de dudas, razonables ó no, de esperanza... Mil millones de gotas de lluvia, de sudor, de sueños, de dioses, de fe: energía, agotamiento, desesperación, alegría, soledad, guerra y paz... Recapitulaba y sentía cómo mi piel se erizaba recordando los monumentos, los horizontes musicados, las sonrisas, los ojos desgarrados por la resignación de haber nacido casta inferior; el desierto, la carretera, El Ganges, la espera en una estación. Era mi Soul India, un alma que me había cortejado hasta caer rendido en su corazón.

Fueron más de siete mil kilómetros recorridos sin ninguna obsesión: siete mil kilómetros en los que me dejé llevar por los recónditos senderos del alma India, un alma tan incomprensible como accesible, tan espiritual como humana, tan brutal como delicada: en definitiva, nuestra alma.

Absorto en mis pensamientos recordé las palabras que el señor Singh, me dijo en el aeropuerto de Delhi el día de mi llegada a India: «no busque explicaciones, India es un país contradictorio para aquel que no ha nacido aquí».

Él no sabía nada.

Madrid, verano del 2003




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Soul India II 7 de julio - 22 de julio

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