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La mafia insolidaria

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Khajuraho cuenta con un numeroso grupo de jóvenes, generalmente bien vestidos y que hablan bastante bien inglés, cuya principal ocupación es ganar dinero fácil mediante timos y engaños a turistas y viajeros. Lo que les diferencia de otros comisionistas son sus maneras suaves y educadas; su persistencia afectada y que generalmente van en parejas o tríos. Pero hay algo falso en todo ello que te pone alerta; se ofrecen para cualquier cosa: tomar una copa, visitar su casa, ir gratis a cualquier lado o ignorar algunas tiendas. Demasiado «guay», demasiado sospechoso. Todos quieren alejarte de zonas más pobladas o donde la policía turística descansa sobre cualquier sombra. Muchos de ellos van en moto o bicicletas y te van acompañando hasta que ven a la policía. Entonces desaparecen y reaparecen unos cientos de metros después, lejos de su vista. Son «Guadianas» de ojos vivos. Los ciclo-rickshaws wallash los temen, como si ya hubiesen sufrido en sus propias carnes la violencia del que lo quiere todo. Intentan hundirte sociológicamente hasta que cedas a sus pretensiones, como si fueses un toro al que una muleta marea sin descanso: te hablan por un lado, por el otro; cambian el idioma cuando hablan entre ellos y vuelven a la carga; unas veces por la derecha, otras por la izquierda. Son tortura india: Unos verdaderos hijos de puta: aquí no valen eufemismos. Todos tienen novia en Santander, en Milán o en Barcelona. Eso sí, no tienen fotos de ellas, ni direcciones que lo acrediten. Algunos hablan un poco de español o italiano, pero de enciclopedia barata, de gramática imposible.

Después de veintidós días en India, yo les costaba un poco más y, al final, abandonaban cuando después de aguantar una presión que me impedía disfrutar de la belleza natural de Khajuraho, les decía que ya estaba bien, que me dejasen en paz, que yo no había llegado hasta allá para entablar su amistad. Entonces sus miradas y amabilidad se transformaban en ojos agresivos, en ademanes desafiantes, calibrando la posibilidad real de un enfrentamiento directo.

— En Khajuraho, muchos ladrones, muchos atracos —me decía uno de ellos—. Cuidado con esos de allí —me avisaba otro. Las mismas confidencias se repetían cada vez que los tenía cerca.

Entre ellos mismos se denunciaban, te avisaban sobre dónde te querían llevar los últimos que te habían abordado. Era su manera de entender la competencia, demostrando una falta de escrúpulos total, incluso entre colegas de profesión. Y para mí, hasta los ladrones deben tener su punto de legalidad, de «honestidad» con el robado y con el gremio. Yo, que no me jacto de ser muy valiente ni de nada en particular, le dije a uno de ellos que si cualquiera intentaba robarme, chorearme o tocarme un pelo, todos ellos iban a tener muchos problemas, y que su vida, tal y como la conocían, se iba a convertir en un infierno. Demasiado osado por mi parte, demasiado gallito; pero coló.

De vez en cuando está bien eso de ver una película de tipos duros.



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Soul India II 7 de julio - 22 de julio

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